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8 de julio de 2016
25 de junio de 2016
Cape & Rait - Pioneros del Farwest
De las series televisivas de vaqueros, o del género western, como las quieran llamar, mi favorita ha sido siempre la menospreciada Cape & Rait.El título de la misma obedece simplemente al apellido de los personajes principales de esta ficción.
Los más memoriosos apuntarán que, en la versión para latinoamérica, el título de la serie se tradujo a "Cape y Rait - Pioneros del Farwest"; lo cual es cierto y sirva de ayuda a los mas despistados.
Pero vamos al grano.
Cape & Rait narraba las aventuras de dos vaqueros sin ocupación fija, que iban haciendo cualquier trabajo ocasional que se les presentaba mientras se metían en problemas. Los echaban de todas partes y así iban recorriendo distintos estados del sur y del suroeoeste norteamericano.
Eran, en definitiva, dos changarines del farwest con onda.
En aquellos años eran dos tipos pintones, facheros y cancheros, hoy serían cool y recopados.
Hasta aquí nada nuevo ni original, pero la sutileza de esta serie es que introdujo por primera vez, muy disimuladamente, un personaje travesti.
Había que ser muy observador, pues la sutileza era absoluta. Pero mirando y volviendo a mirar varios de los capítulos de la serie, no me queda duda de que el personaje secundario Daisy Dakota, la bella regente del Saloon del Álamo, quien coqueteaba alternadamente con Cape y Rait, era un travesti.
Voy a mencionar una que, a mi jucio, no da lugar a dudas:
Temporada 1 - Capítulo 12 - Oro para Philamento: luego de cobrar una recompensa, Cape y Rait van beber y bailar con las chicas del Saloon del Álamo. Allí se acerca Daisy Dakota a la mesa de los vaqueros, mira fijamente a los ojos a Cape y le dice: -tengo una propuesta que no podrás rechazar-. Fin de la escena. En la escena siguiente, Rait se está calzando las botas en su habitación e irrumpe Cape, abrochándose su cinturón. Rait le pregunta como le ha ido y Cape responde: -nunca pensé que un duelo de pistolas podía dejar a ambos contrincantes satisfechos. Aquí está tu parte del oro, vámonos de aquí-.
Es obvio que Cape había tenido sexo con el travesti, le había gustado pero sentía vergüenza y quería salir rápidamente de allí.
También es de observar que en al menos siete escenas de otros capítulos de la serie, cuando se hace un paneo del tocador de Daisy Dakota, se ve entre sus accesorios femeninos una navaja de barbero, clara referencia a que era un hombre que debía rasurarse todas las mañanas.
Otra particularidad de la serie es que finalizó con la muerte de ambos personajes en el último capítulo. Una alevosía innecesaria para mi gusto personal, pero estaba claro que la productora había decidido dejar sin posibilidad alguna la continuidad de la serie.
No he mencionado los nombres de pila de los personajes Cape & Rait, eran Lands y Port.
Y, un dato curioso, en el último capítulo, el día de su entierro, a Lands Cape lo enterraron horizontalmente, y a Port Rait lo sepultaron verticalmente.
11 de marzo de 2016
Historia Breve IV
Innecesariamente, el fantasma abrió la puerta y abandonó la habitación. Podría haberla atravesado.
4 de marzo de 2016
Miradas y un Camino de Cascotitos de Ladrillo
En una plaza, estoy sentado en un banco. En el banco de enfrente, camino de cascotitos de ladrillo de por medio, hay una atractiva señorita.
La miro; me devuelve la mirada.
La miro de nuevo, ya no me mira. Bajó la mirada, mira el camino de cascotitos.
Llega un hombre flaco; la mira. Ella lo mira, le sonríe por compromiso.
Él se sienta en el banco junto a ella. Me mira; lo miro.
Llega un perro por el camino de cascotitos de ladrillos; lo miramos. El perro no nos mira; huele.
Huele los zapatos de la señorita, luego huele mis zapatos. Se sienta en el camino.
Me mira, mira a la señorita y mueve la cola, contento.
El hombre flaco mira a la señorita, enojado. Me mira a mi, enojado, mirá al perro, enojado. El perro lo mira, jadea y mueve la cola.
El perro nos mira y jadea; cuanto más jadea el perro, con mas furia me mira el hombre flaco.
El hombre flaco, sin dejar de mirarme, amaga levantarse. Se vuelve a sentar.
Un hombre con uniforme de policía se sienta a mi lado. El hombre flaco baja la vista. No lo quiere mirar.
El policía me mira, lo saludo con un movimiento de cabeza. Estoy feliz de que haya llegado.
El perro sigue jadeando y moviendo la cola. El hombre flaco me mira de reojo. Me hace una seña que no entiendo, pero que no me gusta.
La señorita atractiva mira al policía, el policía la mira y la saluda. Afirmativo.
Miro a la señorita, ella no me devuelve la mirada. Mira la lejanía, la nada; y de reojo al hombre flaco.
El hombre flaco toma un cascotito y se lo arroja, despacito, sin fuerza, al lomo del perro.
El perro deja de jadear y lo mira. Se le erizan un poco los pelos de la nuca. A mi también.
La señorita atractiva se levanta y se va, el hombre flaco, con la cabeza gacha, la mira irse, de refilón, notablemente molesto. El policía la mira irse, contento, le complace su jean ajustado.
El perro jadea, pero no mueve más la cola.
Evidentemente, el hombre flaco no quiere cruzar la mirada con el policía.
Evidentemente, yo no quiero cruzar la mirada con el hombre flaco. No me gustó ese gesto raro.
El policía me mira, se acomoda la gorra, hace un ademán que podría pasar por un saludo y se va.
El hombre flaco lo mira irse de reojo, esboza una mueca de placer.
Tomo un puñado de cascotitos de ladrillo, en ese instante en que no me mira.
El policía se aleja.
El perro está quieto, no jadea. Yo estoy quieto, aferro los cascotitos en la mano. Tampoco jadeo.
El hombre flaco se levanta del banco como un resorte.
Le arrojo el puñado de cascotitos en la cara.
Ipso facto(*), el perro se lanza sobre él y le clava los dientes en la muñeca de la mano derecha. Se le cae un arma sobre el camino de cascotitos.
Doy media vuelta y me voy corriendo. Rápido. A todo lo que doy.
El hombre grita. No se si me mira; tampoco me importa demasiado.
(*) Wikipedia dice que Ipso facto se usa de manera incorrecta como sinónimo de rapidísimo. Me ne frega.
La miro; me devuelve la mirada.
La miro de nuevo, ya no me mira. Bajó la mirada, mira el camino de cascotitos.
Llega un hombre flaco; la mira. Ella lo mira, le sonríe por compromiso.
Él se sienta en el banco junto a ella. Me mira; lo miro.
Llega un perro por el camino de cascotitos de ladrillos; lo miramos. El perro no nos mira; huele.
Huele los zapatos de la señorita, luego huele mis zapatos. Se sienta en el camino.
Me mira, mira a la señorita y mueve la cola, contento.
El hombre flaco mira a la señorita, enojado. Me mira a mi, enojado, mirá al perro, enojado. El perro lo mira, jadea y mueve la cola.
El perro nos mira y jadea; cuanto más jadea el perro, con mas furia me mira el hombre flaco.
El hombre flaco, sin dejar de mirarme, amaga levantarse. Se vuelve a sentar.
Un hombre con uniforme de policía se sienta a mi lado. El hombre flaco baja la vista. No lo quiere mirar.
El policía me mira, lo saludo con un movimiento de cabeza. Estoy feliz de que haya llegado.
El perro sigue jadeando y moviendo la cola. El hombre flaco me mira de reojo. Me hace una seña que no entiendo, pero que no me gusta.
La señorita atractiva mira al policía, el policía la mira y la saluda. Afirmativo.
Miro a la señorita, ella no me devuelve la mirada. Mira la lejanía, la nada; y de reojo al hombre flaco.
El hombre flaco toma un cascotito y se lo arroja, despacito, sin fuerza, al lomo del perro.
El perro deja de jadear y lo mira. Se le erizan un poco los pelos de la nuca. A mi también.
La señorita atractiva se levanta y se va, el hombre flaco, con la cabeza gacha, la mira irse, de refilón, notablemente molesto. El policía la mira irse, contento, le complace su jean ajustado.
El perro jadea, pero no mueve más la cola.
Evidentemente, el hombre flaco no quiere cruzar la mirada con el policía.
Evidentemente, yo no quiero cruzar la mirada con el hombre flaco. No me gustó ese gesto raro.
El policía me mira, se acomoda la gorra, hace un ademán que podría pasar por un saludo y se va.
El hombre flaco lo mira irse de reojo, esboza una mueca de placer.
Tomo un puñado de cascotitos de ladrillo, en ese instante en que no me mira.
El policía se aleja.
El perro está quieto, no jadea. Yo estoy quieto, aferro los cascotitos en la mano. Tampoco jadeo.
El hombre flaco se levanta del banco como un resorte.
Le arrojo el puñado de cascotitos en la cara.
Ipso facto(*), el perro se lanza sobre él y le clava los dientes en la muñeca de la mano derecha. Se le cae un arma sobre el camino de cascotitos.
Doy media vuelta y me voy corriendo. Rápido. A todo lo que doy.
El hombre grita. No se si me mira; tampoco me importa demasiado.
(*) Wikipedia dice que Ipso facto se usa de manera incorrecta como sinónimo de rapidísimo. Me ne frega.
21 de febrero de 2016
Historia Breve III
Terribles asesinos psicóticos. Lo balearon a quemarropas por la espalda, lo degollaron, y luego, lo rociaron con gasolina y le prendieron fuego para quemarlo vivo.
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